sábado, 4 de julio de 2020

¿Quién mató a Pimentel?


Carta declaratoria 

Para: Detective Peter Rodríguez.

He decidido a lo largo de las horas y el transcurrir el tiempo que en esta carta declaratoria, si como escucho, declaratoria, no habrá formalidades ni presentaciones, solo me limitare en ir directo al punto del asunto.

Verá, ¿se acuerda usted de Francisco Pimentel? claro que se acuerda, por él está usted en esas condiciones tan deprimentes y deplorables. Me he enterado por fuentes periódicas que se ha divorciado, perdido la custodia de su hija y lo han ingresado en un tratamiento psicológico judicial.
Déjeme decirle que entiendo a la perfección el motivo de perder casi completamente la cordura, lo comprendo más de lo que usted se imagina. Una vez yo llegué a perderla también por la misma persona que usted lo hizo.

Por Pimentel, él es el verdadero culpable de toda esta situación, tanto de la suya como de la mía. Aunque no puedo darle todo el crédito a él, no, claro que no, yo tambien merezco algo de crédito por haber sido la persona que lo mató. Ya está lo dije yo maté a Pimentel. Supongo que su caso quedará resuelto, y usted podrá recuperar su vida devuelta. Conociéndolo, debe estar apretando con más ímpetu de la que debe las finas y débiles hebras de su cabello, respirando más rápido de lo que sus pulmones pueden aceptar y para finalizar lanzando algún vaso de vidrio a la pared. «¿Por qué te revelas ahora?» la pregunta debe repetirse como disco rayado en tu, según muchos, manejable consciencia.

Verá pues, no es fácil para ningún ser humano y menos para mí, resumir en unas cuantas líneas o párrafos la vida y los hechos más significativos de Francisco Pimentel.
Un joven horrando y humilde, lleno de placentera ternura y dulzura que a pesar de que su vida estuvo marcada por fatalidades desde su nacimiento, las ganas de ser “Un buen samaritano” eran como la razón de su vivir.

Vivió por sus primeros siete años, al costado de un cementerio, uno que no poseía paredes para separar los restos humanos llenos de gusanos y lombrices, de la desastrosa carretera o infame terreno en el que Pimentel llegó a vivir. Su infancia estuvo llena de muerte, miseria y enfermedad, ¿Cuál no? Si su patio de juegos era un cementerio y para conseguir un poco de comida debía de invadir el lecho de muerte de algún desconocido.

Su madre, Carolina Pimentel la describieron como una mujer alegre, cordial y muy bondadosa, lo contrario a su padre José Díaz. Hombre egoísta con una dominante violencia manifestadora en el cuerpo de su esposa e hijo.

Un 14 de febrero la Señora Carolina murió, el único refugio que tenía el pobre Francisco.
Nunca se supo según fuentes cual fue la causa de su muerte, pudo haber sido la hambruna, la tuberculosis o tal vez los incontrolables golpes de su esposo. Su padre, el Señor José después de la muerte de su esposa no quiso cargar con el pobre y debilucho de su hijo, y sin ningún tipo de empatía o pizca de sentimiento en su ser, decidió dejarlo solo en una casa con medio techo, sin comida y con un cementerio de vecino. Ya sabrá usted, que mi padre lo encontró una tarde curioseando por terrenos nuevos en la pequeña ciudad de Viena. He de confesar que él no sabía si aquel flacucho muchacho sobreviviría.

Admito que lo que más me dolió de la muerte de Pimentel fue ver destrozado a mi padre. Es un hombre bueno que nos ha criado con un arduo trabajo, dejando de comer para que sus hijos y esposa coman, que aun teniendo en cuenta ese dato, decidió adoptar aquel inquilino que encontró en la calle. Después de haberlo asesinado, debo aceptar que la culpa y el arrepentimiento se apoderaron de mi por los primeros minutos, supongo que el rostro de mi padre devastado será el peor recuerdo que guardará mi mente.

De esa forma Pimentel llegó a mi casa, era solo un niño pequeño y asustado. Creció y se formó. Su rostro paso de ser débil a atractivo y su cuerpo de ser lánguido a uno musculoso y atrayente. Por eso lo maté, Por crecer.

«Su generosidad y amabilidad eran trascendentales» «Era feliz» «No tenía problemas con nadie» «Su padre lo amaba» «La dadivosidad de su amor era incomparable»
Se me hizo imposible no leer los estúpidos, aunque correctos y verdaderos testimonios de las personas del pueblo «la dadivosidad de su amor era incomparable» aquí viene otra confesión, esa fue la segunda razón por matarlo ¿era el acaso un Santo? No. De la única persona que recibió amor fue de su madre, quien se rindió cuando el tan solo llevaba siete años de vida, mi padre a pesar de que lo amó nunca se lo demostró de la mejor manera, mi madre y mis cuatro hermanos nunca lo quisieron por razones que creo irrelevantes de explicar, y yo… yo lo maté Sr. Rodríguez, debería usted sacar sus propias conclusiones de si lo amé o no.

Entonces, si nunca recibió amor, ¿cuál era su deseo insaciable de estarlo regalando? nunca lo entendí, él nunca quiso explicármelo.

Lo que nunca comprendí fue, por qué el no quiso amarme de la forma que yo realmente lo necesitaba, claro me lo explico muchas veces, de muchas formas diferentes pero eran explicaciones vanas y sin sentido. «Eres mi hermana» «estas confundiendo la situación» «No puedo amarte de esa forma» «Lo siento, no quiero lastimarte» ¡MENTIRA! Si me amabas, solo no querías reconocerlo.
Detrás de su “generosidad” “amabilidad” “humildad” “sentido de buen ser humano” en realidad había un muchacho tóxico y podrido. Yo lo amaba, y el nunca quiso reconocerlo completamente, siempre puso la excusa de que yo era su hermana aun él sabiendo que no era así, él simplemente era un recogido de la calle, nada más.

Antes de que yo pudiera reconocérselo, él era como un turrón de azúcar, me leía cuentos, decía que me cuidaría de todo mal, que sería como mi príncipe en mis momentos de apuros. ¿Acaso eso no es amor? «Solo he sido amable» ¡amable! Sus palabras eran dagas de doble filo en pecho, ¿acaso quería hacerme sentir como él, vacía y sola?

«No confundas amabilidad con coqueteo» ¡qué barbaridad! Yo no confundía nada, él me amaba, pero nunca quiso admitirlo. Su falta de admisión lo llevó a la muerte, por eso está enterrado siete metros bajo tierra. Sin duda alguna esta fue la tercera razón por lo cual lo maté. Por no aprender una forma diferente de amar.

Claro que no fue la última, existe otra explicación.
El 06 de enero de 2019 día de Reyes, papá tomó la decisión de ir a comprar juguetes para los niños, se llevó a mamá y a mis hermanos, la peor decisión de su vida según él, dejarme sola con Francisco.
Inmediatamente me escabullí en su habitación, estaba tan…. Relajado, su espalda inclinada hacia atrás recostado de la pared, con un extraño libro en sus manos y expresiones nuevas y desconocidas para mí, en su no tan, iluminado rostro.

—¿Por qué no puedes aceptar que te amo? — mi pregunta quedo como polvo en el aire. La repetí tres veces y no me contestó. Entonces lo entendí, estaba tan acostumbrado a dar amor y no recibirlo que no creía que alguien al fin podría hacerlo.

Mi cerebro empezó a funcionar con más inteligencia y cautela, y decidí ejecutar la mayor prueba de amor que podría demostrarse. Librarlo de su sufrimiento. Solo había dos formas para aquello, aceptando que me ama o arrebatándole su regalo divino. Estaba tan cerrado en sus creencias de que era mi hermano, que no tuve otra opción que inclinarme por quitarle la vida.

No quiero describir la forma tan perversa en que lo hice, usted lo observó por sí mismo. pero déjeme decirle que en serio disfruté ver su sangre salir de las perforaciones de su cabeza y cuello, el cuchillo de doble filo fue sin duda la mejor arma que puede elegir. ¿Por qué? Sus palabras eran de esa forma para mí, un cuchillo de doble filo atravesando mi cuerpo. Solamente quise que sintiera un poco de lo que yo sentí cuando pronuncio aquellas embusteras palabras «Nunca nadie te amara, ni siquiera yo».

Como verá, mi cuarta y última razón fue más que un favor que una tragedia. Lo libré de vivir amando sin ser amado. El sufría aunque no lo admitiera, una vida sin amor es una vida de sufrimiento.

«¿Por qué te revelas ahora?»
Es tiempo de responder su pregunta Sr. Rodríguez, después de un año al fin he encontrado algo más fuerte que mi amor por Pimentel. Amor por mí misma, y como me amo he decidido darme la mayor prueba de amor que existe: Librarme de mi sufrimiento de la misma forma que lo hice con Pimentel.

Rocío de Cansul
06 Jan,2020

El que no ama, no conoce 
a Dios, porque Dios es amor
1 Juan:4:8

-CriliWrites-